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[REVIEW] Duskfade: una carta de amor a los plataformeros 3D de los 2000

El título de Weird Beluga demuestra que no siempre es necesario reinventar un género para volver a enamorarnos de él. Con un mundo lleno de color, exploración, secretos y una buena dosis de nostalgia, esta aventura recupera el espíritu de clásicos como Jak and Daxter, Ratchet & Clank y Kingdom Hearts.

El nuevo trabajo de Weird Beluga es un plataformas 3D independiente que apuesta por una idea aparentemente sencilla: construir un mundo atractivo, llenarlo de secretos y entregarle al jugador las herramientas necesarias para recorrerlo a su propio ritmo. No hay un gigantesco mundo abierto ni una lista interminable de mecánicas. En su lugar encontramos una aventura de acción con espíritu clásico, mucho encanto y una evidente pasión por los juegos que marcaron la época dorada del género.

Y sí, se nota muchísimo la inspiración de títulos como Jak and Daxter, Ratchet & Clank e incluso Kingdom Hearts 2. Pero lo interesante es que Duskfade no vive únicamente de la nostalgia. Tiene suficiente personalidad para construir su propia identidad.

Una aventura de fantasía marcada por el crepúsculo

El protagonista es Zirian, un joven aprendiz de taller que se ve atrapado en una catástrofe en la que el tiempo parece haberse detenido y una extraña oscuridad comienza a apoderarse del mundo. En medio del caos, su hermana Allira desaparece misteriosamente, por lo que Zirian emprende un viaje para encontrarla y restaurar el flujo del tiempo.

No estará solo. Su compañero durante esta aventura será Cuckoo, un curioso pájaro mecánico que aporta buena parte del humor y encanto de la experiencia.

La aventura llevará a Zirian por un mundo de estética clockpunk, con regiones tan variadas como bosques sombríos, montañas volcánicas y zonas tropicales. El objetivo principal será encontrar diferentes cerraduras que permitan abrir la misteriosa torre del reloj ubicada en su ciudad natal, Tick Town.

Mientras avanzamos, también iremos descubriendo la historia de los antiguos Maestros Relojeros y las razones que llevaron al mundo a encontrarse en su estado actual.

Pero Duskfade no habla únicamente sobre reparar el tiempo. Bajo su apariencia colorida se esconden temas como la pérdida, el duelo, el valor y la necesidad de aprender a seguir adelante.

Un detalle particularmente interesante es que parte de la carga emocional de la historia nació de una experiencia personal de Ricardo Chorques Mesa, diseñador narrativo del juego, quien tomó inspiración de la pérdida de su abuelo, una figura importante en su vida. Curiosamente, el abuelo de Zirian y Allira, Tristan, también tiene un papel relevante en algunos de los momentos más emotivos de la aventura.

No todo es drama

El tono narrativo no será para todos.

Aunque los momentos importantes y las escenas principales tienen bastante peso emocional, gran parte del juego carece de voces y apuesta por diálogos escritos. Además, el guion utiliza constantemente bromas y situaciones ligeras.

Esto funciona bastante bien dentro del espíritu de cuento animado que propone Duskfade, aunque en determinados momentos algunos chistes pueden romper un poco la tensión de una escena.

No es necesariamente algo negativo. Simplemente hay que saber qué tipo de aventura propone Weird Beluga: una historia que prefiere sacarte una sonrisa antes que mantenerte permanentemente en modo drama.

Plataformas y combate: el equilibrio es la clave

Si hay un apartado donde Duskfade realmente brilla, es en su combinación de exploración, plataformas y movimiento.

El juego recupera una estructura muy tradicional de los plataformas 3D. No hay un minimapa que nos diga absolutamente todo lo que podemos encontrar, por lo que explorar los escenarios es parte fundamental de la experiencia.

Zirian cuenta con las herramientas necesarias para moverse con bastante libertad y, a medida que avanzamos, podemos combinar sus habilidades para conseguir desplazamientos mucho más interesantes.

Por ejemplo, es posible realizar un salto largo después de esquivar o recuperar el dash aéreo utilizando determinados puntos de agarre. Estas combinaciones no solamente sirven para llegar a zonas aparentemente inaccesibles: también permiten desplazarse rápidamente por los escenarios.

Y aquí aparece una de las mejores características del juego: la exploración está directamente conectada con la progresión.

Los niveles están repletos de coleccionables, materiales y secretos. Podemos encontrar Star Shards, piezas para mejorar la salud, fragmentos que aumentan la energía y materiales necesarios para desbloquear nuevas habilidades.

Incluso hay pequeños gatos que podemos encontrar durante nuestras aventuras y que nos recompensan con lana para conseguir nuevos atuendos para Zirian.

Porque claramente, salvar el mundo está bien, pero hacerlo con estilo es mejor.

Una estructura con sabor a Metroidvania

Uno de los aspectos más atractivos de Duskfade es que no pretende que encontremos absolutamente todo durante nuestra primera visita a cada escenario.

Al comienzo de la aventura, Zirian no tendrá acceso a todas sus herramientas. El gancho o determinadas transformaciones de armas aparecerán más adelante, permitiéndonos regresar a lugares que ya habíamos visitado para descubrir nuevos secretos.

Esto le entrega al juego una estructura ligeramente inspirada en los Metroidvania, incentivando el backtracking y haciendo que recordar lugares anteriores tenga sentido.

Lo mejor es que incluso durante nuestra primera visita existen suficientes recompensas como para justificar la exploración: cofres cerrados, formaciones especiales de Star Shards y secretos escondidos fuera del camino principal.

La filosofía es sencilla: explora ahora, recuerda el lugar y vuelve después.

Un combate que se queda corto

Aquí es donde Duskfade comienza a mostrar algunas de sus limitaciones.

Aunque el movimiento y las plataformas funcionan bastante bien, el sistema de combate no alcanza el mismo nivel de profundidad.

El juego permite desbloquear nuevas habilidades y algunas mecánicas interesantes, como utilizar el gancho contra determinados enemigos o lanzarlos por los aires. Sin embargo, la estructura general del combate cambia poco a lo largo de la aventura.

Durante buena parte de la primera mitad, esto puede resultar repetitivo. La tienda del Viajero tampoco ofrece suficientes mejoras interesantes como para modificar constantemente nuestra forma de jugar.

Además, el movimiento algo flotante de Zirian puede provocar situaciones poco precisas. Algunos enemigos pueden permanecer en el aire y continuar atacando incluso cuando deberían estar reaccionando al impacto.

Son detalles que no arruinan la experiencia, pero sí impiden que el combate esté a la altura de las excelentes plataformas.

Un mundo hecho a mano y con mucho corazón

Probablemente lo más fácil de apreciar en Duskfade sea su dirección artística.

El mundo tiene una estética de fantasía mecánica que mezcla relojes, magia y paisajes de cuento. Desde el misterioso Ezarus Forest hasta el soleado Lantern Port, cada zona tiene una identidad visual muy marcada.

Además, los escenarios tienen una interesante sensación de verticalidad. Es fácil quedarse mirando una estructura elevada y pensar: ¿qué habrá allá arriba y cómo demonios llego?

Ese tipo de curiosidad es precisamente lo que los mejores plataformas 3D saben provocar.

La dirección artística también está acompañada por una banda sonora que encaja perfectamente con el tono de la aventura. De hecho, hay momentos en que la música de Tick Town puede recordar inevitablemente a Twilight Town de Kingdom Hearts 2.

Y si eres fan de aquella saga, probablemente vas a levantar una ceja al escucharla.

Los combates contra jefes son una agradable sorpresa

Los enfrentamientos contra los jefes merecen una mención aparte.

En lugar de limitarse a grandes enemigos con enormes barras de vida, Duskfade introduce pequeños rompecabezas y situaciones contrarreloj que debemos resolver para poder aturdir al jefe y continuar el enfrentamiento.

Esto hace que cada combate tenga una identidad propia y evita que todos se reduzcan a golpear, esquivar y repetir.

Además, la música, el espectáculo visual y las escenas posteriores a cada combate ayudan a reforzar la sensación de recompensa.

Son precisamente estos pequeños detalles los que terminan demostrando cuánto cariño hay detrás del proyecto.

Una aventura independiente que recuerda por qué jugamos

Hay algo particularmente agradable en Duskfade: no intenta ser más grande de lo que necesita ser.

En una industria donde cada vez vemos proyectos más gigantescos, mundos abiertos interminables y presupuestos que se cuentan en cientos de millones de dólares, este juego apuesta por algo mucho más sencillo.

Un mundo bonito.

Un protagonista simpático.

Una aventura con secretos.

Plataformas satisfactorias.

Música memorable.

Y la sensación constante de que sus desarrolladores realmente querían hacer este juego.

Eso se siente.

Duskfade tiene defectos. Su combate podría ser mucho más profundo, algunos diálogos pueden sentirse infantiles y determinadas situaciones pierden algo de precisión. Pero ninguno de estos problemas consigue borrar aquello que el juego hace bien.

Porque hay algo difícil de medir en una reseña: el cariño.

Y Duskfade tiene muchísimo.

Veredicto

Duskfade es una auténtica carta de amor a los plataformas 3D de la vieja escuela. No reinventa el género ni pretende hacerlo. Su objetivo es mucho más sencillo: recuperar esa sensación de recorrer un mundo colorido, descubrir un secreto detrás de una esquina y preguntarse qué habrá al otro lado de la siguiente montaña.

Sus plataformas son su mayor fortaleza, la exploración está muy bien planteada y su dirección artística consigue que cada nuevo escenario invite a detenerse un momento para mirar.

El combate, eso sí, podría haber recibido bastante más trabajo, especialmente considerando la inspiración que existe detrás del proyecto. Pero incluso con sus limitaciones, resulta difícil no terminar la aventura con una sonrisa.

Porque Duskfade entiende algo que a veces olvidamos entre tanto lanzamiento gigantesco: un videojuego no necesita reinventar la rueda para hacernos sentir como niños otra vez.

A veces basta con entregarnos un mundo colorido, un buen personaje, música memorable y suficientes secretos como para hacernos pensar:

“Ya, una última cosa y cierro el juego”.

Y sabemos perfectamente que eso nunca termina siendo verdad.

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