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[REVIEW] Onimusha: Way of the Sword, el regreso de una leyenda que afila su combate para una nueva era

Después de dos décadas sin una nueva entrega principal, Onimusha regresa con una aventura de acción que moderniza su fórmula sin perder la esencia de los combates con espada, los demonios y el Japón feudal. Más profundo, dinámico y accesible, Way of the Sword demuestra que la franquicia todavía tiene mucho que ofrecer.

En 2001, el primer Onimusha llegó con una propuesta que resultaba bastante familiar para quienes conocían Resident Evil: una aventura de acción en tercera persona, con ambientación de fantasía oscura y combates contra criaturas monstruosas. La diferencia estaba en el escenario y las armas. En lugar de pistolas y pasillos infestados de zombis en la época contemporánea, teníamos espadas, demonios y el Japón antiguo.

Por eso, el regreso de la franquicia con Onimusha: Way of the Sword resulta especialmente interesante. Tras veinte años sin una nueva entrega principal, la saga vuelve con una evolución comparable a la que ha experimentado Resident Evil a lo largo de sus últimos lanzamientos. La fórmula se moderniza, los combates ganan profundidad y la experiencia se adapta a las expectativas actuales.

Pero hay algo todavía más importante: Way of the Sword es tremendamente entretenido, tal como lo era el Onimusha original en su época.

Una leyenda japonesa frente a las fuerzas demoníacas

Ambientado en Kioto durante el período Edo, Onimusha: Way of the Sword pone al jugador en la piel de Miyamoto Musashi (1584-1645), el legendario espadachín japonés que realmente existió. Eso sí, hasta donde sabemos, el histórico guerrero nunca regresó de entre los muertos para enfrentarse a criaturas demoníacas.

La premisa sirve como punto de partida para una aventura centrada en el combate. Como en las entregas anteriores, tendremos que abrirnos paso entre numerosos enemigos que no dudarán en responder con la misma violencia.

Sin embargo, el sistema de combate ha evolucionado considerablemente. Aunque todavía es posible avanzar a punta de ataques constantes, ahora existen más herramientas para afrontar los enfrentamientos. Podemos ejecutar ataques con una mano o utilizar golpes más contundentes con ambas, bloquear ofensivas enemigas, realizar paradas precisas y esquivar ataques para encontrar una oportunidad de contraatacar.

El momento en que ejecutamos estas acciones resulta fundamental. Bloquear o esquivar en el instante adecuado puede marcar la diferencia entre dominar un enfrentamiento y terminar rodeados de enemigos.

También hay situaciones en las que ambos combatientes quedan en una especie de duelo, obligándonos a ejecutar un ataque específico para imponernos. En otros momentos, eliminar a un enemigo puede desencadenar una secuencia que nos permite acabar automáticamente con otro adversario.

Son pequeños detalles que aportan ritmo y variedad a los enfrentamientos, evitando que todo se reduzca a machacar botones hasta que desaparezca la amenaza.

El escenario también puede convertirse en un arma

El combate no se limita al uso de la espada. El entorno ofrece algunas posibilidades adicionales para enfrentarnos a los demonios, aunque sin llegar al nivel de interacción que vemos en otras aventuras de acción más centradas en utilizar el escenario a nuestro favor.

No podremos estrellar la cabeza de un enemigo contra cualquier pared o mesa, pero sí recoger objetos grandes para utilizarlos como escudos y posteriormente arrojarlos contra nuestros rivales. Si encontramos un carro, por ejemplo, podremos tomar sus manillas y utilizarlo para atropellar a quienes se interpongan en nuestro camino.

Y por si dominar la espada no fuera suficiente, Musashi también cuenta con un arco. Este resulta especialmente útil para alcanzar enemigos que se encuentran fuera de nuestro rango de ataque o activar mecanismos a distancia.

La combinación de estas herramientas hace que el combate se sienta fluido y dinámico, con una intensidad que recuerda a propuestas recientes como Ghost of Yōtei y Ninja Gaiden 4.

Como suele ocurrir en los buenos juegos de acción, los enemigos no esperan su turno para atacar. Pueden rodearnos desde distintas direcciones y obligarnos a cambiar constantemente de estrategia. La clave está en leer sus movimientos, aprovechar las oportunidades y no perder de vista lo que ocurre a nuestro alrededor.

Una fórmula clásica que evoluciona sin perder su identidad

Aunque el sistema de combate es mucho más profundo que en los juegos originales, Onimusha: Way of the Sword conserva varios elementos tradicionales de la franquicia.

La exploración incluye recorridos por zonas que tendremos que visitar nuevamente, ya sea porque ciertos caminos se encuentran bloqueados o porque conseguimos desbloquear accesos que antes no estaban disponibles. También hay puzles situacionales y algunos enemigos que, por sus características, pueden resultar bastante particulares.

Eso sí, los acertijos no alcanzan el nivel de elaboración de los que encontrábamos en algunas entregas anteriores.

La estructura también refleja la evolución que ha experimentado el género. Al igual que ocurre en Resident Evil Village, existen niveles con recorridos relativamente lineales, pero la aventura gira alrededor de Kioto, una zona que ofrece cierta libertad para explorar.

Aquí no solo encontraremos misiones por completar. También habrá habitantes acosados por enemigos, áreas secretas por descubrir y objetos útiles repartidos por el escenario.

Esta combinación permite alternar entre los objetivos principales y pequeñas actividades secundarias, entregando más espacio para explorar sin convertir la experiencia en un mundo abierto gigantesco.

Una cámara moderna para combates más precisos

Uno de los cambios más importantes respecto a las primeras entregas está en la cámara.

Los juegos originales utilizaban cámaras con posiciones fijas, una decisión habitual en la época, pero que podía dificultar la lectura de los enfrentamientos. En Way of the Sword, la cámara pasa a estar bajo el control del jugador, lo que facilita seguir los movimientos de los enemigos y reaccionar ante sus ataques.

Y vaya que se agradece cuando aparecen varios adversarios al mismo tiempo.

El bestiario también recupera parte de la extravagancia característica de la saga. Nos enfrentaremos a criaturas con espadas, seres con apariencia de calamar, cabezas flotantes y monstruos que recuerdan a caimanes, algunos de los cuales tienen la desagradable costumbre de lanzarse rodando contra nosotros.

La nueva cámara permite anticipar mejor estas amenazas y mantener el control de la situación, algo especialmente importante en una aventura donde el posicionamiento y los reflejos son fundamentales.

Las almas siguen siendo el corazón de la progresión

Como en los juegos anteriores, derrotar enemigos permite obtener almas que cumplen dos funciones esenciales: recuperar salud y mejorar nuestras habilidades.

La diferencia está en la forma de recogerlas.

En las entregas clásicas, absorber almas podía dejarnos inmóviles durante unos instantes, exponiéndonos a los ataques de otros enemigos. En Way of the Sword, basta con mantener presionado el botón correspondiente para atraerlas mientras seguimos desplazándonos por el escenario.

Además, las almas se absorben más rápido y permanecen disponibles durante más tiempo.

Es una modificación sencilla, pero mejora considerablemente el ritmo de los combates y reduce una de las incomodidades de la fórmula original.

A esto se suma un sistema de progresión más moderno, que permite desbloquear nuevas habilidades y mejorar las que ya hemos adquirido. De esta manera, el desarrollo del personaje complementa la evolución de nuestras propias capacidades como jugadores.

Un gran juego de acción con algunos puntos débiles

La combinación de estos cambios convierte a Onimusha: Way of the Sword en una aventura de acción y hack and slash muy sólida. Es una versión modernizada de una fórmula que ya demostró su potencial hace años, algo que también quedó en evidencia con la remasterización de Onimusha 2: Samurai’s Destiny.

Sin embargo, el regreso de la franquicia no está completamente libre de problemas.

El primero está en la historia. La narrativa no termina de destacar y puede sentirse algo débil frente a la calidad de los combates. De todas formas, tampoco es un aspecto que necesariamente vaya a decepcionar a quienes se acercaron a los títulos anteriores principalmente por su jugabilidad.

La dificultad también presenta algunos desniveles, especialmente durante los enfrentamientos contra jefes. Mientras algunos combates ofrecen un desafío exigente pero justo, otros pueden sentirse desproporcionadamente difíciles.

Estos saltos de dificultad pueden interrumpir el ritmo de la aventura, sobre todo cuando un enfrentamiento exige repetir una y otra vez una estrategia hasta encontrar la forma correcta de superarlo.

El problema de siempre: textos demasiado pequeños

Hay otro inconveniente que probablemente resultará familiar para quienes juegan en consola: el tamaño de los textos.

Los indicadores de objetivos, los menús, las instrucciones y los subtítulos pueden resultar demasiado pequeños si jugamos a una distancia normal del televisor. Y aunque existe una opción para aumentar el tamaño de los subtítulos, ni siquiera su configuración máxima parece suficiente para garantizar una lectura cómoda en todas las situaciones.

No es un problema que arruine la experiencia, pero sí uno que podría haberse evitado con una mejor adaptación de la interfaz a las condiciones habituales de juego.

Echamos de menos algunas armas clásicas

La ausencia de ciertas armas de entregas anteriores es otro de los puntos que pueden decepcionar a los seguidores más veteranos.

Un ejemplo especialmente recordado es el Senpumaru de Onimusha 2: Samurai’s Destiny, un bastón de doble hoja capaz de generar pequeños tornados. En Way of the Sword encontramos una habilidad similar, pero funciona como un ataque especial y no como un arma que podamos elegir y utilizar libremente.

La diferencia puede parecer menor, pero cambia la manera en que se experimenta con el arsenal. Parte de la gracia de los juegos anteriores estaba precisamente en descubrir armas distintas y adaptar nuestro estilo de combate a sus características.

En esta nueva entrega, el sistema es más moderno y profundo, aunque algunas de aquellas posibilidades quedan fuera.

Veredicto: el regreso que los fans estaban esperando

Onimusha: Way of the Sword demuestra que no todas las franquicias necesitan reinventarse por completo para volver a destacar.

Su propuesta conserva los elementos que hicieron especial a la saga: el combate con espadas, los enemigos demoníacos, la ambientación japonesa y la recolección de almas. A partir de esa base, incorpora controles más precisos, una cámara moderna, nuevas opciones de combate y un sistema de progresión que entrega mayor profundidad.

Sus problemas existen. La historia podría ser más atractiva, la dificultad de algunos jefes necesita un mejor equilibrio y los textos pequeños pueden convertirse en una molestia. También se echan de menos algunas armas memorables de las entregas anteriores.

Pero cuando la espada entra en acción, esos inconvenientes pasan a un segundo plano.

Way of the Sword es una aventura dinámica, entretenida y con personalidad propia. Una evolución que respeta el legado de Onimusha y demuestra que, después de veinte años, todavía hay espacio para volver a cortar demonios en el Japón feudal.

Para quienes esperaban una nueva entrega de la saga, la espera parece haber valido la pena.

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